Un trabajador camello y ¿una chica de compañía?

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En este artículo te presento una historia que comparte dos aspectos de los muchos que rodearon mi vida al vivir y trabajar en Sri Lanka: las dificultades con los trabajadores locales y los numerosos personajes que conoces trabajando en hostels.

Si tienes en mente trabajar o emprender en Sri Lanka o ya lo estás haciendo te darás cuenta de la complejidad de la gestión de recursos humanos que en muchas situaciones parecen sacadas de una película (a veces muy agotadora) de comedia. Si has viajado o pretendes viajar a Sri Lanka, es probable que como cliente seas partícipe de alguna situación poco común protagonizada por algún trabajador del país.

Por otro lado y si ya has leído algo del contenido de mi blog, bien sabes que el continuo trato con viajeros al trabajar en hostels en Sri Lanka da lugar para unas cuantas historias. Entre ellas, la de cuando Los de Investigación Criminal vinieron al hostel o la del afable Wally: el tipo con el peor Karma de Sri Lanka.

Esta historia es también, como comprobarás en las siguientes líneas, bastante rocambolesca.

Para ponerte en situación, hacía poco más de un mes que había comenzado mi trabajo dirigiendo un hostel en Colombo, capital de Sri Lanka. Si bien el puesto planteó una serie de retos las primeras semanas, no había nada que con esfuerzo y trabajando en equipo no se pudiera resolver.

 

¿Qué es lo más difícil de trabajar en Sri Lanka ?

De todos aquellos retos, había uno que escapaba a mis capacidades resolutivas y no por falta de voluntad o de ejecución, sino por un factor al que nunca me había enfrentado.

En mi opinión, trabajar en Sri Lanka con los locales puede ser todo un reto, especialmente si acabas de llegar al país y te estás habituando a la cultura como era mi caso. Personalmente, me chocó muchísimo la forma de posponer tareas, la actitud hacia el trabajo y una general falta de anticipación. Por el otro lado, también encontré muchas cosas positivas.

Llega el momento de presentarte a Dean – nombre modificado – y por otro lado a mi jefe local, director de operaciones cuya labor consistía en coordinar las operaciones de todos los hostels de aquella cadena.

Dean es un entrañable tipo local que trabajaba en la recepción con el que seguramente te echarías unas risas, bien majete como la inmensa mayoría de locales de Sri Lanka.

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Colombo fue mi hogar durante 5 meses

Al poco tiempo, tras realizar unos pocos ajustes a la operativa del hostel para una mayor precisión, Dean comenzó a no respetar los procedimientos. Aunque te suene a paja teórica, llevé a cabo dos ajustes operativos importantes que mejoraron:

  • La comunicación entre departamentos, entre empleados, con los clientes y con proveedores externos. Cuando comencé ¡tenían pendiente de facturar casi 600 Euros a agencias de viajes desde los 6 últimos meses por no archivar y registrar correctamente las facturas!
  • El manejo y registro de efectivo. Cuando comencé el trabajo acaban de tener un descuadre de caja de casi 400 Euros. ¡400! Así que junto al contable, hicimos unas mejoras en un documento Excel y en el sistema de gestión y por otro lado, entrené al equipo añadiendo un paso adicional al cierre de cada turno. Y adiós a los descuadres.

Sin irme por las ramas, puedes leer más sobre mecanismos que utilicé para evitar malos hábitos por los locales y mejorar tu operativa aquí, y seguimos con nuestra historia.

Implantados estos ajustes, el equipo se puso las pilas pero Dean comenzó a flojear no aplicando ciertos procedimientos, creando situaciones complicadas con el resto de compañeros, llegando siempre tarde y posteriormente, casi siempre fumado (a.k.a bajo los efectos del cannabis). Hablar con él y explicarle algo era como hablar con una pared.

Traté la situación con Dean un par ocasiones sin resultados por su parte. Dean era el más joven del equipo, le gustaba pasárselo bien como a todos y no tenía ninguna responsabilidad a su cargo. Además, le había dicho a los otros compañeros que le daba igual el trabajo y que si Miguel le despedía, iba a fuck him.

 

La resolución tras charlar con él un par de ocasiones

El tema con Dean se volvió insostenible para todos así que comenté al director de operaciones mi intención de terminar la relación laboral (despedirle vamos).

Con parsimonia, lo cual me chocó, mi jefe me comentó que no era tan fácil despedir en Sri Lanka y que tenía que consultarlo. Añadió que Dean era hijo de alguien y que su padre era conocido de los propietarios de la cadena y que así es como había conseguido el trabajo. Vaya sí, un enchufado de toda la vida, hijo de un pez gordo local que está complicando el trabajo a los demás y pasaba de todo.

Siguiendo las instrucciones de mi jefe, no comenté nada a Dean, lo cual generaba un ambiente de trabajo rarísimo. Poco podía hacer por el momento a no ser que tuviese motivos más sólidos.

 

Hasta que llegó el día adecuado

Y ese día fue cuando hizo check-in en el hostel una clienta de Ucrania justo en el momento en el que yo pasaba información a Dean, a punto de terminar mi turno y dispuesto a irme a comer. Durante el check-in la chica ucraniana preguntó por recomendaciones de restaurantes cercanos y le di varias opciones, entre ellas al que me dirigía yo. Me preguntó que si podía venir conmigo y le dije que sí. ¿Te has quedado en hostels verdad? En hostels la línea entre los clientes y los miembros del equipo tiende a ser borrosa, y es lo que los hacen tan especiales.

La chica ucraniana tenía exactamente mi edad, era bastante atractiva y risueña, aunque también tenía algo de rarita que empecé a notar mientras caminábamos en dirección al restaurante. Atención que cuando te digo restaurante me refiero a un lugar tan habitual allí, un tanto cutre pero con su encanto y con una comida increíble.

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El Hotel Pillawoos de Bambalapitiya

La chica acababa de aterrizar en Sri Lanka así que pensando que quizás querría experimentar algún sitio tradicional nos dirigimos al Hotel Pilawoos en Bambalapitiya. Mi restaurante favorito en la capital y del que te cuento más detalles junto a otras cosas que ver y que hacer ver en Colombo en esta mega guía de viajes (desde lo habitual para turistas hasta atracciones para que lo visites como un local).

Llegamos a Hotel Pillawoos donde recomendé a la chica algo y pedimos la comida. Y aquí empezó otro grueso de la historia cuando charlando con ella, le pregunté que qué le había traído a Sri Lanka, que cuál era la motivación de su viaje. Con una sonrisita en su cara risueña me respondía en inglés, quedando así la conversación:

Yo: ¿Qué te ha traído a Sri Lanka?

Ella: Sponsors.

Yo: ¿Cómo que sponsors?

Ella: Sí, tengo sponsors.

Yo: ¿En plural?

Ella: Sí, varios. Algunas veces tengo solo uno, otras varios. No sé.

Yo: ¿Pero a qué te refieres con sponsors?

Ella: (se ríe y se lo piensa un poco)…Hombres.

Yo: ¿Quieres decir que vienes a ver a sponsors y que ellos te pagan los gastos del viaje?

Ella: Sí, el vuelo y los gastos. Otras veces me pagan el hotel, pero esta vez no.

Yo: ¿Pero eres influencer o modelo?

Ella: No.

Y tras una conversación que se tornó de besugos vino a mi mente la idea de que estaba comiendo con una prostituta de alto standing. No recuerdo exactamente que contesté pero sí que desvíe la conversación, posteriormente terminamos la comida y nos fuimos. Debo decir que la chica, si bien atractiva, era todo un personaje y tenía sentido del humor.

 

Trabajando en turismo se conocen muchos personajes

Al regresar al hostel nos separamos y cada uno se fue a hacer sus cosas.

Varias horas después ya por la noche bajé al área común (sí, vivía en el hostel) y la chica ucraniana estaba allí junto a otros clientes, donde nos quedamos todos charlando. Poco después nos quedamos la chica, un par de clientes más y yo. Entre conversaciones, le dije que tenía un tirón en el cuello y de repente, la chica ucraniana me comenzó a dar un masaje.

¿Y qué quieres que te diga? Uno es hombre y son los riesgos de la vida de hostel. Además, no le había dado toda la importancia que merecía a la situación del restaurante. Al rato nos quedamos ella y yo solos y me preguntó si podíamos subir a mi habitación. Por supuesto dije que sí. ¿Tú que habrías hecho?

Llegamos a mi habitación y nada más llegar me pidió una toalla para darse una ducha. Una vez se encontraba dentro del baño me pidió que le diese algo (no recuerdo el qué). Antes de entrar, pregunté si podía pasar. Muy educado yo.

En ese momento, lo cual créeme no me esperaba para nada, ella estaba ya desnuda a punto de abrir el grifo de la ducha. Me dijo que podía mirar si quería. ¡PUM! La situación me chocó demasiado. Me quedé unos pocos segundos mientras ella comenzaba a frotarse con la esponja bajo el agua y me miraba fijamente. En este momento puede ser que estés presuponiendo lo que pasó a continuación pero no. Yo estaba completamente flipando con la  chica así que me fui por donde vine.

Aproveché para irme a fumar y meditar la situación:

Miguel tío, tienes una tía en la habitación y la vas a cagar. ¿Y si es una prostituta de verdad? ¿Y si te pide pasta en el check-out y monta un pollo delante de todos?

Por lo que tras un breve diálogo interno volví a la habitación para encontrármela… ¡desnuda tumbada en mi cama!

Damn, eso me cogió completamente por sorpresa. No estoy acostumbrado a situaciones de semejante calibre.

La chica, o la situación, imponía, y teniendo en cuenta que podía meterme en un buen berenjenal opté por dirigirme al armario, coger una sudadera y dársela mientras le decía: yo también tengo un sponsor.

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Mi «sponsor» y la sudadera. ¿Quién me lo hubiera dicho cuando saqué esta foto meses atrás? 😅

Pocas semanas antes de comenzar mi aventura profesional en Sri Lanka, realicé una auditoría SEO y SEM de la página web de una tienda de patines en el centro de Madrid. Años antes me hubiese gustado formar parte del equipo patrocinado de aquella tienda y así se lo dije. Después de la reunión me regaló una camiseta y una sudadera de la tienda y me dijo que si patinaba en Sri Lanka que le enviase algún material como Brand Ambassador. Y tan contento, me llevé la sudadera y la camiseta a Sri Lanka aunque no me llevé los patines.

Así que yo también tenía un «sponsor«. Y me quedé más chulo que un ocho (expresión tan típica madrileña) al responderle aquello mientras le entregaba la sudadera seguido de un “tápate”.

La chica comenzó a argumentar que lo de sus sponsors era broma pero si te soy sincero, tenía un mal rollo en el cuerpo ante tal situación que no te puedes imaginar. Le pedí que se fuese a otra cama (y sí, viví en un dormitorio con 10 camas para mi solo durante casi 5 meses) y me fui a dormir.

 

¿Tú qué habrías hecho?

Por otro lado, pensarás que me estoy olvidando de Dean, ¿cierto? Ni mucho menos. ¡Sigue leyendo que llegas al final!

Por la mañana me desperté cuando la chica se tumbó a mi lado. Se quedó un rato ahí y al poco tiempo sonó su teléfono y comenzó una conversación en inglés con alguien.

En aquella conversación la chica estaba quedando con alguien para pillar marihuana. Colgó y le pregunté que quién era. Me dijo que un amigo y para mi suerte, creí haber escuchado una voz familiar así que jugué a la psicología inversa. Bromeando le pregunté varias veces si la persona que llamaba era alguno de sus sponsors y ella, con la finalidad de hacerme olvidar lo de sus sponsors (a decir verdad nunca me quité la idea de la cabeza de que la chica pudiese ser una prostituta) me enseñó la pantalla del teléfono, con el registro de llamadas.

 

La última llamada correspondía a Dean

¡Bingo! Ahora sí, la gota que colmó el vaso. Reconfirmé con ella que era Dean el que trabajaba con nosotros y sí.

Dean vendía marihuana a los clientes y a saber cuántas veces lo había hecho anteriormente. Con la noticia me dirigí a mi jefe y sin dar muchos detalles de cómo había conseguido la información, recuerdo perfectamente su cara al escucharme. Era como si ya se lo imaginase. Así que me pidió discreción y reconfirmó que efectivamente había que despedir a Dean cuanto antes, añadiendo que él se encargaría.

Dean duró una semana más. Entiendo que no se hizo inmediatamente ya que mi jefe tuvo que hablar con la familia de Dean, algo muy común a la hora de llevar a cabo un despido en Sri Lanka. Efectivamente el tema de vender droga a los clientes fue inadmisible por muy enchufado o hijo de alguien que fuese Dean. Y en Sri Lanka, la marihuana y similares son muy mal vistos socialmente, aunque como en todos sitios una gran parte de la población la consume.

Esta historia no hubiese tenido el final feliz para el resto del equipo, no tan feliz para Dean, si no me hubiese metido en tal situación con esta chica. Y es que trabajando en hostels te pueden pasar las cosas más inverosímiles, especialmente si los hostels están en Sri Lanka.

La chica hizo check-out aquel día y a día de hoy me sigo preguntando si realmente sería una prostituta. ¿Tú que crees?

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Me escapé por los pelos 😂 En serio, yo en Marine Drive. No recomendado el baño

Una semana después de esta historia Dean dejó la compañía. Y no, no llegó a fuck me como decía por ahí.

¿Te esperabas este desenlace? Fue mi primera historia relevante al llegar a Sri Lanka y créeme que me sorprendió tanto como a ti. El cómo se alinean las cosas algunas veces a nuestro favor es simplemente brutal. Si quieres leer más anécdotas de este estilo dirígete al blog.

Si piensas emprender o trabajar en Sri Lanka, aparte de las dificultades en los procesos administrativos, ¡mucho ojo al contratar y al hacer seguimiento a tu equipo! En mi opinión, la mayor dificultad es la contratación, training y gestión de recursos humanos. Si el equipo está bien entrenado y dirigido, puedes tener una plantilla de lo más eficiente, profesional y leal.

Y si has viajado o piensas viajar a Sri Lanka indudablemente te habrás visto o te verás en situaciones donde la dicotomía entre:

  • Un trabajador local pone el nivel altísimo al atenderte de una forma profesional, cordial e incluso entrañable (esto último es lo más característico de Sri Lanka).
  • Un trabajador cruza la línea, no es profesional, se duerme en los laureles, intenta ligar contigo o tu novi@, te ofrece droga o te pide tabaco.

Como cliente y turista viví ambos escenarios. ¿Y tú? Cuéntame tus experiencias en los comentarios y espero que hayas disfrutado esta anécdota. ¡Nos vemos en las demás!

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