portada post estela o como perdi el miedo al mar

Estela o cómo perdí el miedo al mar

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He conocido a lo largo de mi vida muchas personas con miedo al mar y días atrás tuve una excepcional experiencia en la playa con una compañía insuperable lo cual me recordó que durante unos años yo también tuve pánico al océano. El miedo al mar se llama talasofobia, atiende a diferentes causas y durante un periodo de mi vida, nunca fui más lejos de donde no hacía pie. ¿Conoces a alguien que le ocurra? Estoy seguro de que sí.

Pero, ¿cómo llegué a este punto y como pude superar mi temor al océano? Pues en este post te cuento cómo perdí el miedo al mar, otra de tantas cosas que le debo a Sri Lanka, y de paso retomo la escritura en este apartado de la web tocando un tema que durante años había casi olvidado. Por supuesto, escribir únicamente sobre cómo perdí el miedo al mar me sabría a poco y dado que en el blog comparto historias reales vividas en Sri Lanka, el relato va acompañado de un par de anécdotas personales 😎

El inicio: cómo cogí miedo al mar

Un miedo o trauma suele aparecer tras una experiencia negativa y yo no iba a ser menos. Estaba habituado a nadar en el mar sin pensarlo dos veces hasta a aquel increíble verano de 2008 en Almería (en el sur de España para los que leéis desde otra parte del mundo).

Estando en la playa de Almería capital, mis amigos se encontraban en una plataforma flotante con toboganes y trampolines a unos 100 – 150 metros de la orilla. Si lo piensas y eres un nadador estándar, esa distancia se puede nadar en 2 o 3 minutos sin mayor preocupación.

oceano en Moragalla Beach en Beruwala en Bentota en la costa oeste de Sri Lanka
Aunque en Sri Lanka las corrientes tienden a ser fuertes. Yo no me confiaría

Decidí unirme a mis amigos un poco más tarde y comencé a nadar hasta la plataforma tranquilamente. A mitad de camino paré de nadar con la intención de mirar cuánto me quedaba. Justo en ese momento, el hecho de ver que estaba más lejos de lo que pensaba me sorprendió. A esto súmale que al levantar la cabeza tragué agua y me atraganté. Ahí comenzó la pesadilla, el antes y el después. La causa por la que muchas personas mueren por ahogamiento en el mar: me entró un ataque de pánico al verme flotando tan lejos de la orilla y tan lejos de la dichosa plataforma mientras tosía para expulsar el agua. Aquellos segundos fueron muy agobiantes.

Tras esta experiencia en 2008, nunca más pasé de donde no hacía pie. Nunca más…bueno…hasta 2017 en Sri Lanka.

 

SK Town: Un cielo nublado y un océano Índico grisáceo

Vaya panorama ¿no? Una isla con un buen número de horas de insolación y me toca ese escenario. ¿Cómo llegué hasta aquí y a dónde pretendo llegar? Sigue leyendo y lo averiguarás, ya que el tema de cómo perdí el miedo al mar guarda una buena contraposición de Karma, de colores y de paisajes. De hecho, ella me dice que por eso tengo buen ojo para el cine desde hace años.

surf y atardecer en Lakshawaththa Beach Matara
Lakshawaththa Beach en Matara, la siguiente playa a SK Town – [SNAPTITUDE] ©STOCK.ADOBE.COM
Mi primer empleo en Sri Lanka consistió en digir un hostel en Colombo, capital de la isla. Fue al mes de aterrizar que pude coger varios días libres seguidos que aproveché para visitar el sur de la isla y de paso encontrarme con una chica que conocí en mi hostel.

Me había tocado trabajar un turno de noche en recepción ya que tuve que cubrir una emergencia tras despedir a un trabajador. ¿Quieres conocer lo que ocurrió? Entonces te recomiendo que leas el siguiente post, 100% real y que seguro te saca alguna risa.

Un trabajador camello y ¿una chica de compañía?

De empalmada, cansado y ligeramente desmotivado me dirigí al sur directo a Tangalle. ¡Ups! La chica con la que había quedado me envió por error su anterior localización en Tangalle en Google Maps, me quedé sin batería y dado que era mi primera vez viajando por la isla, estuve poco fino. No sé como lo hice pero llegúe a mi destino real, SK Town, cerca de Matara, a las 7 de la tarde con unos cuantos kilómetros adicionales.

La chica no tardó en darse cuenta de que no estaba en el mejor mood. Nos lo pasamos bien, sí. Superficialmente. Me dijo que se me notaba cansado y estresado y que ella en aquel momento huía del estrés tras tener dos trabajos en su país. Añadió que en Colombo había sido guay pero…¡touché! Hay veces que las segundas partes no son buenas y debo admitir que no estaba en mi mejor momento.

cuando es la mejor epoca para viajar a Sri Lanka niño haciendo surf bajo la lluvia

Al amanecer, ella se fue a surfear en SK Town. Me desperté y meditando las palabras de la chica, hice algo de ejercicio y yoga para acto seguido ir al mar. Recuerdo perfectamente aquel océano gris, un cielo encapotado y esas primeras gotas que avecinan lluvia. Como venía haciendo desde 2008, me quedé parado justo en el límite de donde se deja de hacer pie. A lo lejos veía surfear a la gente y yo no empezaría a surfear hasta 4 meses después de esta historia. Aquel escenario gris y triste acompañaba mi cansancio, desmotivación y dudas.

Dándole vueltas a las palabras de la chica y a si estaba realmente en el lugar adecuado, en el momento adecuado y con la actitud adecuada, decidí cambiar mis planes, despedirme de ella y dirigirme a Mirissa.

 

Mirissa: todo amarillo y azul

Mi compañía tenía varios hostels en Sri Lanka, uno de ellos en Mirissa. Dado que allí me podía alojar gratis y de paso conocer uno de los destinos más populares de la isla, dejé aquel casi – lúgubre escenario grisaceo detrás subido a un tuk tuk.

Descubre qué hacer en Mirissa y alrededores

Durante los 15 kilómetros que separan Mirissa de SK Town el conductor me contaba cómo el budismo había llegado a Sri Lanka. Muy majete. A la altura de Matara, una de las ciudades principales del sur de la isla, su relato fue acompañado por algo que poco a poco me fue alegrando el día: el cielo comenzó a despejarse, siendo sustituido por un azul intenso.

Viajar a Matara templo Paravi Duwa
La primera vez de muchas que vi el templo Paravi Duwa de Matara. Ahora sabes de que azul hablo

No sé tú pero todavía el mal tiempo llega a afectarme en los días que estoy chof. La situación y mi ánimo comenzaba a mejorar y mucho y así llegué a Mirissa.

Una vez allí me dirigí al otro hostel de la cadena en la que trabajaba, dejé mis cosas en la habitación y me dirigí a alquilar una scooter en la recepción cuando vi un grupo de viajeros esperando cerca de la recepción. Rápidamente, comencé a conversar con una chica del grupo. Se llamaba Estela. Super simpática, me invitó a ir a la playa de Mirissa con ellos. ¿Te negarías? Es lo mejor de los hostels: el poder unirte a un grupo de desconocidos que en cuestión de minutos pasan a ser amigos.

Que hacer en Mirissa panoramica de la bahia y de Parrot Rock
Panorámica de Mirissa

Una vez en la playa principal de Mirissa, cogimos unas tumbonas en primera línea de playa bien acompañadas de unas cervezas Lion. Curiosamente, Estela y yo nos quedamos en el extremo del grupo, que en total seríamos 6 personas. La interesante conversación, las risas, el feeling, la conexión. Todo empezó a fluir. Hasta empecé a sentirme atraído por ella, lo cual creo que fue recíproco. Es más, durante todo aquel tiempo juntos en las tumbonas no hablamos con los demás, como si estuviésemos completamente solos.

A continuación, Estela me ofreció que fuéramos al mar. Si eres como yo, posiblemente prefieras quedarte horas y horas en la arena y no entrar más que a remojarte y salir rápido. Obviamente, en tal situación no me podía negar. Nos dirijimos hacia la playa, caminamos varios pasos en dirección al océano y aquí pasó lo impredecible: Estela se lanzó y comenzó a nadar bien lejos. Yo continúe andando hasta donde el límite de donde no se hacía pie y Estela dejó de nadar quedándose flotando a lo lejos haciéndome gestos con la mano para que fuera hasta allí.

Playa de Mirissa, turistas y chiringuitos copyright de imagen Boggy22123
Más o menos a esta altura de la playa principal estaríamos – [BOGGY22] ©123RF.COM
¿Ahora qué?

Yo parado como un niño lo que posiblemente en la realidad fueron unos pocos segundos pero mi recuerdo de aquel instante es algo más largo. Y por otro lado, aquella chica a la que apenas conocía llamándome mientras yo me debatía con mi miedo al mar. De aquel momento recordaré para siempre lo siguiente: un increíble cielo azulado y un color amarillo. Era el día perfecto, completamente opuesto a la experiencia que viví por la mañana.

Sin pensarlo más, me lancé hacia el océano y comencé a nadar hacia Estela. Habían pasado 9 años desde aquel incidente en Almería y ahí me tenías superando mi fobia.

Vista de la playa principal de Mirissa
En ese mismo océano – [VKPHOTOS] ©STOCK.ADOBE.COM
Cuando llegué hasta ella todavía mantenía ciertas inseguridades pues realmente nos encontrábamos muy lejos y ni pensar en hacer pie. Pero Estela se encargó de distraerme con su interesante conversación y su sentido del humor. El ambiente era embriagador. El azul del cielo y del océano, sus ojazos azules, sus dientes blancos, ese color amarillo que no sé por qué recuerdo pero que hacía juego con su cabello rubio y su piel dorada.

Durante un largo rato flotamos, nadamos más lejos, charlamos y hacíamos bromas. Por primera vez en el mes y poco que llevaba viviendo en Sri Lanka estaba disfrutando de una experiencia exótica en aquel paraje tropical. No te creas que me quedaba mucho tiempo libre en mi tiempo en Colombo. Aquella situación era todo un sueño.

Continuamos flotando, intercambiando bromas y sonriéndonos. Estela se me acercaba cada vez más y más. De repente, ese impulso que cualquier hombre o mujer puede sentir en una situación así se materializó en un único pensamiento: bésala. Durante varios (muchos) segundos dudé y finalmente me armé de valor. Hasta que justo antes de lanzarme…

¡¡¡Aaaaahhhhhhhhhhhhh!!!!!

Tranqui que en Sri Lanka no hay tiburones ni bichos raros, al menos no tan cerca de las playas. ¡Se me montó el gemelo justo en ese momento! Y desconozco la causa pero nunca me había dolido tanto y de ahí el grito. A veces notas como el gemelo se monta poco a poco. Esta vez no, esta vez fue a traición, decidido a arruinarme el día. Posiblemente el agua tuvo que ver, sumado a la paliza de trabajar que llevaba, la falta de cansancio y muy probablemente falta de potasio y electrolitos.

Recuerdo la reacción de Estela con mi grito 😂🤣😂 Se llevó un buen susto. Acto seguido, saqué el pie a la superficie y flotando le pedí que me ayudase a estirar la pierna. El dolor no remitía así que no me quedó otra que salir del agua nadando torpemente…con Estela detrás. Un corte de rollo en toda regla para ambos.


Al llegar a la orilla, estiré y Estela se volvió con sus amigos. Tras aquella situación, se perdió la magia. Me quedé un par de horas más con el grupo y despedí. Ella me propuso que nos viéramos por la noche para salir de fiesta lo cual acepté. Pero si te soy sincero, tras la paliza de trabajar que llevaba, la mala experiencia por la mañana y ese toque de Karma por la tarde me hicieron decidir quedarme durmiendo en el hostel, descansar bien y aceptar (quizás erróneamente) que ese día la suerte no estaba de mi lado y que por tanto era mejor no tentarla más.

 

Conclusión

Y fue así, en ese ambiente paradisiaco, en compañía de una holandesa llamada Estela, como perdí mi fobia al mar. Nunca volví a saber más de ella pero me sentí de alguna manera en deuda así que al hacer check out del hostel al día siguiente le dejé una nota en recepción:

Dank dir habe ich meinen Angst zum Meer verloren

La chica era holandesa pero hablabla alemán y yo quería ser original y aparte en alemán suena mejor que en inglés, si bien no lo domino y mientras redacto ahora he comprobado que lo escribí con faltas. No obstante, el mensaje se entiende claramente:

Gracias a ti he perdido el miedo al mar

Nunca volvimos a saber nada el uno del otro y creo que este final fue muy apropiado. Por breve que fuera nuestra interacción, quizás ella recuerde que tuvo un impacto positivo en alguien sin darse cuenta.

Respecto a mi, sí, perdí el miedo al mar. Y también me di cuenta que dadas las dos historias de aquel día, quizás debería relajarme un poco y tomarme la vida menos en serio. Aquello del gemelo montándose en tal situación me dejó reflexivo unos días. Llegas a preguntarte: ¿por qué a mi? ¿Por qué en ese momento?😞 Quizás era una dosis de Karma automático y sin piedad por lo de la chica de la cual me despedí por la mañana, no sé.

¿Crees en el Karma y quieres una buena historia casi de comedia?

Wally: el tipo con el peor Karma de Sri Lanka

Recuerdo que al regresar a Colombo le conté a un compañero de mi equipo de recepción la historia de contrastes y paisajes, de dos chicas, de aquel gris melancólico y ese amarillo y azul fugaz y exótico. Tras llegar al desenlace me dijo en inglés: es una buena historia, pero es triste.

Y varios años después tras esa historia, me gusta todavía retener la parte triste de la historia pues aún así tiene su belleza.

Créeme, había olvidado este episodio completamente y por eso lo escribo, para inmortalizarlo más allá de imágenes en mi mente, y porque esta misma historia la he contado hace unos días en la playa de Bogatell en Barcelona acompañado de alguien muy especial.

Hotel Vela Barcelona como perdi el miedo al mar
Playa de Barceloneta y el Hotel Vela

Desde la historia de Estela o cómo perdí el mierdo al mar en marzo de 2017 hasta exactamente 5 días atrás de escribir esto no había tenido la oportunidad de relajarme en el océano con una chica, también con unos ojos azules preciosos, profundos y penetrantes.

¿Y lo mejor? Ya no me daba miedo el mar.

Solo que esta vez, el escenario de aquel paraje tropical de Mirissa que un día fue mi lugar favorito para ir en días libres, se cambia por Barcelona, con el escorzo de una italiana de ojazos azules y el Hotel Vela a lo lejos. Recuerdo sus ojos azules, que me han inspirado a resaltar todavía más la paleta de colores de aquel día. Y ya sea en Mirissa o en Barcelona, ambas imágenes han quedado grabadas en mi mente.

Como reflexión final te invito a lo siguiente: comienza a practicar el arte de capturar momentos en tu mente, imágenes que te acompañen de por vida. Y si todavía te sigue dando fobia el mar, búscate una buena compañía que te motive. En mi caso… fue accidental.

Miguel B

Miguel B

Durante 3 años Sri Lanka fue mi hogar. En esta web te cuento todo sobre la isla. Apasionado del marketing digital y la gestión, me encontrarás viendo una buena película o escribiendo.

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